Actriz
Buenos Aires - Argentina




" En la vida alcanzamos a vislumbrar a veces destellos de algo que se encuentra más allá de la carne y su mortalidad. aunque supongo que esas intuiciones las alcanzan muchos en la vocación religiosa, yo las he percibido con claridad en la obra de los artistas
(habla de laurette taylor, intérprete de Amanda en "El zoo de cristal") ... su arte tenía una brillantez que sólo acierto a comparar con la de la poesía, una brillantez de la que obtuve revelaciones tan estremecedoras como si el aire hubiera sido atravesado a nuestro alrededor de improviso por una luz procedente de espacios más claros"

Tenesee Williams

lunes, 15 de febrero de 2010

Cariño Yacaré








Cariño yacaré. Libro:Gimena Riestra. Dirección: Juan Parodi. Intérpretes: Noralih Gago y Gimena Riestra. Escenografía y vestuario: Gabriela Fernández. Iluminación: Ricardo Sica. Coreografía: Matilde Campilongo y Marcelo Keller. Dirección musical: Mariano Otero y Hernán Jacinto. Asistencia general: Sabrina Blasi. Teatro Payró, San Martín 766. Viernes, a las 23.30. Entrada: $ 30. Duración: 75 minutos.
Nuestra opinión: buena

Casandra Lange y su hija Lizy se han refugiado en las cercanías de un pantano luego de su abrupta huida de un Hollywood bombardeado y supuestamente desaparecido. Atrás dejaron una vida de estrellas, de brillantes marquesinas. En realidad, la que dejó ese mundo de glamour fue Casandra, ya que Lizy, en realidad, lo padece porque le dio una madre egoísta, frívola e indiferente hasta la crueldad.

Salidas -literalmente- de una película de los años 50, estas dos mujeres echan mano de un castellano neutro tan bien marcado y modulado que parece la traducción de un documental. Es sólo el primero de innumerables hallazgos que convierten a Cariño yacaré en un prolijo conglomerado de situaciones divertidas, desopilantes y sumamente originales que están apoyadas, sobre todo, en el trabajo actoral de Noralih Gago (Casandra) y Gimena Riestra (Lizy). Estas dos actrices toman en escenario y se lo devoran para placer de un público adicto que festeja y disfruta cada gesto. Casandra intenta revivir esos momentos perdidos a través de la recreación de grandes finales cinematográficos o de pequeños shows musicales, lo que les da la mejor excusa a Gago y a Riestra para desplegar sus otros talentos, ya que no sólo interpretan a sus criaturas con derroche de solvencia actoral, sino que bailan y cantan lo que les permite lucir sus tremendas voces.

Puede ser que la obra tenga algunos problemas en la dramaturgia (falta algo de tensión sobre el discurrir dramático, lo que aletarga un poco la acción) pero son salvados por el ritmo ágil, contagioso y sumamente ocurrente de los diálogos entre estas dos mujeres que no pueden con sus vidas y mucho menos con esa relación ambivalente que las une. Las frases extraídas (o que merecerían haberlo sido) de películas de la época de oro del cine norteamericano colocan a la trama en un punto en el que no se distingue cuando hay representación y cuando no. Ni ellas lo deben saber, tan embebidas están sus vidas de ese universo tan deseado (por Casandra) y tan temido (por Lizy).

El director, Juan Parodi, supo sacar provecho de sus dos actrices a la vez que potenciarlas. Y el trabajo de Graciela Fernández, responsable de la escenografía y el vestuario, fue decisivo a la hora de redondear el universo casi irreal que habitan estas mujeres.

Verónica Pagés

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